Así como en el siglo XVIII los indígenas de la región fueron los obreros de las plantaciones y de los trapiches azucareros pertenecientes a los jesuitas, a fines del siglo XIX, los aborígenes tobas y matacos, llegados desde el Chaco, y los indios "pampas", provenientes de Buenos Aires, La Pampa y Río Negro, se dedicaron a realizar las tareas de los ingenios y las plantaciones de caña.
La vida de los trabajadores "golondrinas" (como se llamó a estos peones, a quienes se les establecían contratos de trabajos temporarios y precarios) era muy dura. De las cosechas no sólo participaban los hombres adultos, sino también las mujeres y niños. A cambio, recibían un salario miserable o un vale, que canjeaban por alimentos en un almacén que pertenecía al dueño del ingenio. En otros casos, los obreros de las zafras nacían, crecían y morían en la finca de cultivo, sin haber salido nunca de ella.
A medida que avanzaba el siglo XX, los trabajadores de los campos de caña y de los ingenios obtuvieron mejoras laboralesy salariales, especialmente luego de la creación de la Federación Obrera Tucumana de la Industria Azucarera (FOTIA), el principal sindicato de trabajadores del azúcar de la Provincia de Tucumán, fundado en 1944. Está organizado como una entidad de segundo grado, es decir una federación de sindicatos autónomos organizados por ingenio. Está afiliada a la Confederación General del Trabajo (CGT).
jueves, 27 de agosto de 2009
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